Explora la Selva con el Cartero de las Cascadas: Una Aventura Postal
Capítulo 6: La Revelación y el Compromiso de la Comunidad
Don Pascual, empapado y cubierto de barro, irrumpió en el salón principal de la Cooperativa de Productores de Yerba Mate. Varias cabezas se giraron a su entrada. Productores, técnicos y algunos directivos, inmersos en sus conversaciones diarias sobre cosechas y precios, lo miraron con sorpresa. Nunca lo habían visto en ese estado de desaliño y urgencia. El silencio cayó sobre la sala, denso como la humedad de la selva de la que venía.
“¡Don Pascual! ¿Qué le ha pasado?”, exclamó Don Roberto, el presidente de la cooperativa, un hombre de gestos enérgicos y voz grave, que lo conocía desde hacía décadas. Su expresión, inicialmente de asombro, se transformó en una de genuina preocupación al ver la gravedad en los ojos del cartero. Otros productores se acercaron, sus rostros reflejando la misma inquietud.
Don Pascual se quitó la mochila con dificultad, su cuerpo temblaba de frío y agotamiento. “Tengo algo… algo muy importante”, dijo con voz ronca, apenas un susurro. La vista se le nublaba un poco por el esfuerzo. Sacó el sobre sellado de su pecho y se lo extendió a Don Roberto. “Esto… es de la Dra. Ríos. Del campamento de biólogos. Es urgente. Por eso… me persiguieron. Querían detener esta… esta carta.”
La palabra “perseguir” resonó en la sala. Los murmullos comenzaron. Don Roberto, con el ceño fruncido, tomó el sobre. La cera roja se rompió con un sonido seco al abrirlo. Mientras sus ojos recorrían el texto, su rostro, usualmente impasible, se contraía en una mezcla de asombro y preocupación. La Dra. Ríos, con una prosa concisa y alarmante, detallaba la inminente “anomalía climática”, un fenómeno que, según sus estudios, generaría sequías prolongadas y cambios drásticos en el ecosistema, poniendo en riesgo no solo la biodiversidad de la selva sino también los cultivos de yerba mate, el sustento de toda la región.
“Esto es… esto es muy grave”, dijo Don Roberto, su voz apenas audible. Levantó la vista y miró a Don Pascual, quien, a pesar de su estado, lo miraba con una determinación férrea. “¿Quiénes lo persiguieron, Pascual? ¿Por qué querían esta información?”
Don Pascual, aliviado de haber entregado la carga, comenzó a relatar su odisea: la extraña quietud de los animales, el cuaderno de campo, las figuras sombrías en la selva, la persecución, su escape por el río. Contó cómo la selva, con sus monos y coatíes, le había ayudado, como si la propia naturaleza supiera la importancia de su misión. Su relato, vívido y lleno de detalles, mantuvo a todos en vilo. La incredulidad inicial de algunos se transformó en asombro y luego en una profunda indignación.
“Esto es inaceptable”, exclamó Doña Elena, una joven agrónoma de la cooperativa, con el rostro enrojecido de ira. “Alguien quiere ocultar esta información para seguir explotando nuestra tierra sin consecuencias. Están poniendo en riesgo nuestro futuro, nuestras cosechas, ¡nuestras vidas!”
La sala estalló en un coro de voces, de indignación y preocupación. Los productores, que habían vivido de la yerba mate por generaciones, sentían la amenaza como un golpe directo a su herencia. La posibilidad de perder sus cultivos, de ver la selva marchitarse, era una pesadilla impensable.
“Calma, por favor, calma”, pidió Don Roberto, alzando las manos. Una vez que el murmullo se calmó un poco, continuó: “Don Pascual ha arriesgado su vida para traernos esta advertencia. No podemos ignorarla. Esta carta… no es solo una carta. Es un llamado a la acción. Es el futuro de nuestra yerba, de nuestra tierra, lo que está en juego. Debemos contactar a las autoridades provinciales y nacionales de inmediato. A la prensa. Debemos hacer pública esta información, antes de que sea demasiado tarde.”
Don Pascual sintió un nudo en la garganta. La resolución de Don Roberto y el compromiso evidente de la comunidad lo conmovieron. Había cumplido su misión. Había llevado la verdad a quienes necesitaban escucharla. No era un héroe, solo un cartero, pero en ese momento, se sentía como el eslabón más vital en la cadena de la supervivencia de la selva y su gente.
Mientras algunos se apresuraban a hacer llamadas y preparar comunicados, Doña Elena se acercó a Don Pascual. “Gracias, Don Pascual”, dijo, su voz llena de gratitud. “Usted no solo entregó una carta. Nos entregó la esperanza. Sin usted, nunca habríamos sabido esto a tiempo.” Don Pascual solo asintió, una sonrisa cansada pero satisfecha en su rostro. La lluvia, afuera, había comenzado a amainar, y un rayo de luna se filtraba por una ventana, iluminando los rostros decididos de la gente de la cooperativa. La lucha apenas comenzaba, pero gracias al coraje de un cartero, la yerba mate y la selva tenían una oportunidad.